Roberto pensaba que el problema era su postura.
Un día me escribió contándome que desde hace muchos años ha sentido dolor de espalda, pues, cree que es por su trabajo ya que pasa más de ocho horas sentado y se levanta muy poco de su silla durante el día. También piensa que su silla tiene parte de la culpa; poco ergonómica, no muy adecuada para su tipo de trabajo.
Cada vez que el dolor aparecía, intentaba lo mismo: enderezarse, acomodar la silla y volvía a trabajar.
Pero después de un rato el dolor regresaba, siempre en el mismo lugar.
Pues su cuerpo no estaba pidiendo una postura perfecta...
estaba pidiendo moverse.
El cuerpo no está hecho para quedarse quieto mucho tiempo.
Incluso estando en una silla hecha a la medida, perfecta para una ¨buena postura¨.
Es más parecido a un rio que a una estatua: ¨cuando el agua deja de fluir, todo comienza a estancarse¨.
Muchas veces buscamos la postura ideal, pero olvidamos que incluso la mejor postura se vuelve pesada cuando permanece demasiado tiempo.
El cuerpo no pide perfección, pide movimiento.
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